viernes, 28 de diciembre de 2012

SE HIZO TODO LO POSIBLE, PERO NACIÓ.

Era el producto final de una cogida o algo más o menos parecido a hacer el amor en la incomodidad del asiento trasero del carro.

Era el alivio y la aflicción viva luego de 12 semanas de vómitos incoercibles y mareos apendejantes, y 40 de un crecimiento abrupto que se miraba en el estómago pero venía de más abajo, un útero acomodándose a un feto, placenta y líquido amniótico que no dejaban de hacerse más grandes por más que la faja quisiera apretar y disimular.

El cese de los gritos provocados por los dolores que creaban un útero contrayéndose constantemente y dilatándose a 1 centímetro por hora hasta llegar a los 10 centímetros de una dilatación completa por la cual pudo ser expulsada, como se expulsa algo que no se quiere. Las lágrimas mezcladas de sentimientos de dolor, tristeza y miedo, el sudor en la frente, mentón y mejías y la debilidad en los brazos y las piernas, la leche desbordada de unos pezones listos para ser fuente de alimento y agrietarse en el proceso, la oxitocina liberándose en grandes cantidades, más grandes que las liberadas en el orgasmo en el cual fue concebida. Todo eso era ella.

La nota de parto del ginecólogo la describía como un hallazgo: Recién nacido de sexo femenino (…) peso de 5 libras 12 onzas. En la misma nota se leía la presencia de una circular del cordón umbilical al cuello, era como si quería suicidarse antes de haber tan siquiera nacido. Tal vez solo estaba previendo todo el sufrimiento que le esperaba, pero ya  había superado un largo viaje, esfuerzo y hasta dos amenazas de aborto provocadas con el suficiente miedo como para no matarla.

Nació, tenía una piel arrugada de 40 semanas exactas, sus manos y sus pies estaban morados pero el resto del cuerpo daban un tono rosado de estoy bien, estaba llena de sangre como se llenan de sangre los cuerpos asesinados y los recién nacidos. Tardó un poco pero al final lloró, lo hizo al mismo tiempo que lloraba la madre como queriendo decir, comparto tu tristeza y tu dolor y tu miedo.




miércoles, 26 de diciembre de 2012

ARRÁNCAME LA VIDA

"Tenía quince años y muchas ganas de que me pasaran cosas. por eso acepté cuando Andrés me propuso que fuera con el unos días a Tecolutla. Yo no conocía el mar, él me contó que se ponía negro en las noches y transparente al mediodía. Quise ir a verlo. Nada más dejé un recado diciendo: «Queridos papás, no se preocupen, fui a conocer el mar.»
En realidad, fui a pegarme la espantada de mi vida. Yo había visto caballos y toros irse sobre yeguas y vacas, pero el pito parado de un señor era otra cosa. Me dejé tocar sin meter las manos, sin abrir la boca, tiesa como muñeca de cartón, hasta que Andrés me preguntó de qué tenía miedo.
- De nada  -dije.
- Entonces ¿por qué me ves así?
- Es que no estoy muy segura de que eso me quepa  -le contesté.
- Pero como no muchacha, nomás póngase flojita  -dijo y me dio una nalgada. Ya ve como está tiesa. Así claro que no se puede, pero aflójese. Nadie se la va a comer si usted no quiere.
Volvió a tocarme por todas partes como si se hubiera acabado la prisa. Me gustó."

Arráncame  la vida (fragmento) - Ángeles Mastretta.

jueves, 22 de noviembre de 2012

DIENTE DE LEÓN


Uno es un diente de león, la adversidad del viento fragmenta.
Unos caen, otros VUELAN.

martes, 20 de noviembre de 2012

POLVO Y OLVIDO (El Cadáver)

Vendrá la muerte y se introducirá en el cuerpo de alguien, de cualquiera, así sin discriminar.

Vendrá y por difusión pasiva alcanzará a las masas hasta formar un ejército de cuerpos sin frecuencia cardíaca; abrirá las pupilas, dilatándolas al máximo para extraer el alma y entonces, esos siete gramos se perderán para siempre.

Nos convertirá en un cadáver más de esos de los cuales el mundo ya está lleno, seremos nada para todos.


Así como se vuelve nada la muerte de uno más dentro de los incontables cuerpos ensangrentados de hombres, mujeres y niños que deja una guerra, una en donde no solo se encuentran cuerpos mutilados por múltiples bombas explotadas, y ojivas enterradas en músculos, huesos y masa encefálica de un ser humano cualquiera, sino espíritus rotos y congelados ante la frialdad de situaciones como esa.

Así como cuando muere un campesino de tuberculosis o de miocardiopatía chagásica porque, una década atrás en su cuarto de bajareque, mientras dormía en un petate, una chinche picuda lo sentenció.

Así como se vuelve nada un luchador de y por la patria cuando es asesinado por, qué se yo, el ejército. 

Harán a un lado el cuerpo pequeño y delgado de un desnutrido más, de ese niño o adulto al que le tocó morir de hambre, al final es solo uno más del cincuenta por ciento de la población que muere de lo mismo.

Convertirán en número estadístico el cuerpo pálido e inerte de la puerpera desangrada en lo lejos de una montaña mientras intentaba dar una nueva vida, ahora huérfana.

Envolverán en bolsas negras, de esas que se usan para la basura, un cuerpo rígido que se encontraba postrado sobre la camilla de un hospital general, quien por la falta de insumos materiales, personal médico o iatrogenia,  se le fue quitada la oportunidad de una orden marcada por una x en -mejorado- o -curado- en vez de -fallecido-, y el gobierno seguirá diciendo que el Sistema de Salud está mejorando.

Un cuerpo caquéctico por la enfermedad y la medicina morirá de SIDA y la estadística se tornará positiva en un mundo discriminativo.

Encontrarán, humanos o perros, el cuerpo enterrado de aquella persona que, en el movimiento feroz de la tierra, dio su último latido de angustia.

En la calle, cualquier calle, moverán a un cadáver que solo sirve de estorbo para seguir adelante. En los zapatos de quienes caminen a su lado quedará un poco de sangre impregnada que con cada paso se irá disipando, como se disipa con el paso del tiempo, la indignación por un muerto más a causa de un Sistema de Seguridad tan muerto como ese cuerpo (y los cuerpos de cada día todos los días).

Entonces, todos los cadáveres, ese ejercito de muertos, terminará en lo mismo, polvo y olvido.



EL CADÁVER - María de los Ángeles Ruano


Ahí estaba el cadáver, hermanos
y no hubo lloro en los ojos de nadie.

No sentimos dolor ni lo fingimos,
no reparamos en sus andrajos
ni en la dura quietud de su mandíbula.

Porque, ¿Qué importa la muerte de los caídos?
¿Qué importan sus ideales, sus sueños puros?
y al fin y al cabo ¿Qué ganábamos
comprometiéndonos
si no era con nosotros el asunto
ni nuestra era su lucha y su estrella?

Proseguimos sin verlo, lo negamos,
no sabíamos su nombre, no lo indagamos,
simplemente seguimos sin mirarlo.

Estábamos horrorizados con tanto muerto,
ya no dolía esa sangre en nuestra sangre.

El se quedó solo, tirado a media calle
y sus ojos abiertos eran una denuncia.



PARA CUMPLIR


Las órdenes médicas se hacen para cumplirse y se cumplen para una evolución favorable del paciente. Ser feliz es un estado que se vuelve orden cuando el mundo, en su afán de matarnos mal, nos enferma de tristeza, desamor, soledad y guerra. 
Como en los hospitales, especialmente los nacionales del tercer mundo, a veces no se cuenta con el material físico o humano para poder cumplir una orden cualquiera, pero la felicidad es como el surfactante pulmonar, a pesar de que se encuentra de forma sintética para poder ser administrada a aquel recién nacido prematuro que no tiene suficiente, el hecho de hacerlo como lo indica la orden y siguiendo cada detalle del protocolo para hacerlo de la forma correcta y por múltiples veces, no asegura la mejoría del paciente; porque el mejor surfactante igual que la mejor felicidad es la que se produce dentro de uno mismo, no la externa y sintética que, si bien mejora, se puede reabsorber hasta terminar siendo nada.
El mundo y sus carencias nos escasea hasta la felicidad interna, en la miseria de cada acto, de cada persona y de cada circunstancia, en el hambre, en la violencia, en la pobreza extrema. Pero al final la felicidad es un estado de ánimo y por lo general los estados de ánimo no necesitan ser multiplicados a base de algo material, sino a base de si mismos.
Entonces vuelvo a lo mismo, a la imagen, a la orden, al estado anímico, a cumplirla como sea posible, en las carencias más grandes, y con lo que esté al alcance, como se hace en los hospitales generales de mi país.

lunes, 19 de noviembre de 2012

EL LUGAR MÁS BONITO DEL MUNDO


Del libro "EL LUGAR MÁS BONITO DEL MUNDO" - Ann Camerón

SUSPENDIDA


Y estoy aquí, en el mundo, suspendida, como se suspende un títere ante los hilos enredados  que sutilmente maneja su titiritero, porque ¿Acaso no somos los movimientos de los hilos que jala el mundo de un lado hacia otro?
 ¿Qué nos suben y  bajan  mareándonos en todo ese movimiento?.

Suspendida, como se suspende uno en el columpio que se mece hacia adelante y hacia atrás, así como nos mecemos en la vida, regresando al pasado cuando se baja al mundo de los recuerdos y acercándonos al futuro cuando se eleva con el ánimo de volar.


Suspendida, como se suspenden mis manos en las tuyas, cuando se sostienen amarrando un dedo con el otro, uno tuyo, uno mío, intercalados, entrelazados. Como se suspenden las miradas, vos sosteniendo fijamente la mía, como se suspenden los cuerpos a punto de caer, en el deseo, en la lujuria, en el amor.

Suspendida, como se suspende el cuello a la soga, suspendida, sostenida, esperando el movimiento que me haga caer, pero más que ese, el que me haga levantarme y sostenerme en un nuevo punto, quedando nuevamente suspendida.



EL MUNDO

Un hombre del pueblo de Neguá, en la costa de Colombia, pudo subir al alto cielo.
A la vuelta contó. Dijo que había contemplado desde arriba, la vida humana.
y dijo que somos un mar de fueguitos.
- El mundo es eso -Reveló- un montón de gente, un mar de fueguitos.
 Cada persona brilla con luz propia entre todas las demás.
No hay dos fuegos iguales. Hay fuegos grandes y fuegos chicos y fuegos de todos los colores. Hay gente de fuego sereno, que ni se entera del viento, y gente de fuego loco que llena el aire de chispas. Algunos fuegos, fuegos bobos, no alumbran ni queman; pero otros arden la vida con tanta pasión que no se puede mirarlos sin parpadear, y quien se acerca se enciende.

EL LIBRO DE LOS ABRAZOS - Fragmento - Eduardo Galeano 

lunes, 5 de noviembre de 2012

PUDE SER DE SABINA, PERO ME ENAMORÉ DE AUTÉ - Ectópica


Yo pude haber sido la puta de corazón en celo que Sabina usara de musa en algunas de sus canciones, una muñeca regala besos, una princesa o princesita azul de falda, tacón y unas braguitas.

Pudo desfilar mi nombre entre los cuantos que menciona en aves de paso e incluso pude haber sido la magdalena y perder a cualquiera en mi corazón de viaje haciéndome infinitamente inolvidable en 19 días y 500 noches.

Pude haber sido un efímero amor eterno en la habitación cualquiera de un hotel dulce hotel en donde, por una noche, alguien me dijera luego de haber tomado, que sé yo, quince o veinte copas, “quédate a dormir” para hacerlo quemar con mi cuerpo como quema el gas azul de los mecheros.

Pude haber sido más vinagre y menos rosa; la calientabraguetas vestida en medias negras, bufanda a cuadros y minifalda azul, en fin, una embustera y fuente del pecado.




Pero decidí que quería un amor sin un final y te conocí, entonces no necesité ser la puta sino la mujer, la concupiscencia secreta de tu alma.

Lentamente cambié un te quiero con alevosía por un prefiero amar.

Te conocí y conocí en vos a todos los hombres que quería tener hecho uno, en el que quería perderme sin salir de él, y descubrí el significado del “yo no sé vivir sin ti”, que es, en resumen, el amor elevado a su máxima potencia. 

Decidí que no quería vivir más sin tu latido auscultado por mi oído sobre tu región precordial de un cuerpo cansado después de estar mojándolo todo.

Decidí que quiero vivir con vos como vive el todo en la nada, y despojarnos de todos los fantasmas que pudimos haber sido.

Te conocí y conocí a la persona con la cual quiero llegar al alba, nos vi en el eterno ritual de amarnos y practicar el milagro de ser uno y solo uno.

Decidí, con toda la convicción de mi ser que, entre la fe y la felonía, la herencia y la herejía, la jaula y la jauría, entre morir o matar; prefiero, amor, amar.